Amadís y el Rayo de Hierro

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Eran cinco, de delgadísimos torsos y piernas de cadáver. Del extremo de sus brazos surgía un conjunto de diminutas pinzas de crustáceo, chasqueando con

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repulsivas convulsiones. Donde una persona mortal hubiera tenido cabeza, aquellas cinco criaturas tenían una gran mano con dos pulgares. De la punta de cada uno de los seis dedos colgaba un sangrante ojo. Todos tensos en el espacio, arrojando su sucia mirada sobre el guerrero de otro mundo.

Este se llevó la mano a la vaina, jurando una vez más al recordar que estaba desarmado. Apretó los dientes y bajó la celada de su yelmo con decisión. ¡Él era Amadís de Gaula y, armado o no, no huiría de su enemigo!

Cerró los puños dispuesto a vender cara su vida. Como si una Potencia Superior hubiera sido fascinada por su valor suicida, un pesadísimo objeto cayó a sus pies.

Las pinzas de sus enemigos rasgaron el metal de su armadura como si fuera barro húmedo. Con un grito que ocultaba su miedo golpeó con todas sus fuerzas. ¡Y la maza cantó!

Un metálico alarido disonante de odio y muerte que acompañaba cada poderoso mazazo asestado por el guerrero. Tres flechas más rasgaron las tinieblas aunque solo una logró reventar los orbes que la voz señalara.

Amadís avanzó al tiempo que golpeaba. La deforme mano de un demonio fue aplastada y sus colgantes ojos estallaron como odres podridos al recibir un segundo golpe. La maza se carcajeaba cantando dementes e incompresibles maldiciones.

Dos demonios habían caído. Los tres que quedaban en pie comenzaron a retroceder. Conocían el poder de aquella arma. De un terrible modo que ninguna otra alma podía. Sintieron el miedo.

—Mi hambre esta saciada amo. No siento deseo alguno de matar y os seria inútil en la batalla.

—Haced caso a la Maza Manchada. Hay asuntos más importantes que atender. Aun tenéis que rescatar a un viejo amigo, maese Amadís.

—¿Y vos sois, mi señora? —El hijo de Elisenda y Perión se volvió hacia la voluptuosa mujer que se acercaba hacia él, farol en mano.

—Umi de Iz, princesa amazona de Mohenjo—Daro y reina de Planaria y sus Dominios.

Amadís y el Rayo de Hierro, Luis Guillermo del Corral

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